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Abejas urbanitas

Las abejas están desapareciendo rápida y misteriosamente de las zonas rurales, con graves consecuencias para la agricultura. Se habla del síndrome del colapso de la colonia, pero se desconocen sus causas. En cualquier caso, la disminución de abejas nos hace un flaco favor a los humanos. Dependemos de ellas. Para la agricultura y para la economía. Algunos estudios aseguran que debido a la pérdida de estos polinizadores naturales, los costes de más de 130 cultivos están subiendo de precio.

Tenemos que mimar a las abejas. Y las ciudades pueden ser un buen lugar. “Si en 100 años los techos de nuestras viviendas son verdes, como ya está pasando, necesitaremos abeja para el futuro de nuestras ciudades”- asegura Noah Wilson Rich. El investigador americano, fundador de la Best Bees Company, también afirma que las abejas producen más miel en las ciudades. Posiblemente, por la mayor temperatura, porque hay menos pesticidas que en los campos o porque haya más variedad de polen en el ambiente.


Noah Wilson Rich en TED

Hay que apoyar a la apicultura urbana. En París, Londres o Boston es natural la apicultura en los tejados. De hecho, en el siglo XIX la miel de Barcelona, que se producía en el corazón de la ciudad, era conocida y apreciada más allá de sus murallas. ¿Por qué no volver a practicarla?

Sirva como ejemplo Lavi Bar, una estudiante de la universidad israelí de Bezalel, reflexionó sobre todo ello para dar forma a su proyecto final de carrera (To-bee). Y ha diseñado esta estupenda colmena urbana en madera y barro. Tenemos que ir cambiando nuestra mentalidad para con las abejas. “Cuando una abeja te pica, ella muere, así que no te asustes, porque ella no quiere picarte”. De hecho, lo que hacen es ayudarnos.


Producción del To-bee de Lavi Bar



Tuning urbano

Digamos que Thor ter Kulve se aburre en su ciudad. Digamos también que le pasa como a la mayor parte de los ciudadanos. La rígida planificación urbana y la severa regulación del espacio público hacen de nuestras ciudades lugares anodinos, deshumanizados. En otras palabras, sosangas. Thor, holandés de 22 años propuso como proyecto final de estudios una colección de productos que remodelaran ese espacio público a través del tuning de elementos reconocibles en cualquier ciudad.

Basta con sostener un columpio a una farola para que se convierta en un lugar desde el cual observar el río adyacente. O modificar una boca de riego para conseguir un juego de agua para niños. Gracias a estos diseños,  lugares aburridos y abandonados se convierten en lugares de reunión y, lo más importante, nos hacen pensar en nuevas definiciones para los conceptos de “espacio público”, “propiedad colectiva” o “beneficio común”.

Pintando un corazón de tiza en la pared

 
 
 
 
 
 
 
 
¿Quién dijo que el grafiti era de vándalos y maleantes? ¿Aún quedan personas que piensan en el arte callejero como algo sucio fruto de la inadaptación social? Pues para ellos especialmente va la reseña de este proyecto: Luz nas Vielas, de los chicos de Boamistura.

La intervención se desarrolla en Vila Brasilândia, una de las favelas que proliferan en la periferia de Sâo Paulo. El proyecto, que utiliza anamorfismos, colores planos y palabras inspiradoras, tiene una fuerza estética impactante. No obstante, lo determinante en esta intervención artística es la implicación de la comunidad. Los autores de la obra no son ya los artistas de Boamistura, sino que han compartido todo el proceso de transformación del entorno con los lugareños, niños y mayores, dejando que lo hicieran suyo y convirtiendo el grafiti en un potenciador de toda la trama sociocultural del barrio y en un agente de identificación y empatía de los habitantes con su entorno.

Y mirar a las palomas comer el pan que la gente les tira

 
 
Llega un momento en la carrera de todo diseñador y artista en el que siente la imperiosa y absurda necesidad de crear una casita para pájaros con cualquier material de desecho. Ya hablamos de ello en este blog y ya habíamos dado nuestra opinión acerca de que lo que posiblemente necesite un pájaro en la ciudad no sea un chalet de colores estridentes, construído con placas de matrícula o cartones de leche.

El caso de Picopan, a mi gusto, es diferente. Porque más allá de la resolución formal -de nuevo, una casita con tejado a dos aguas, cuando nadie le preguntó al gorrión si prefería un chalecito o una casa con porche y mecedora- la gente de Amalgamastudio ha pensado en cerrar un ciclo productivo de la mejor manera posible: dando de comer a los pájaros el pan sobrante de las panaderías Barcelona Reykjavik. Para ello han diseñado un comedero que producen en los mismos establecimientos y que puede colgarse en aquellos lugares donde los pájaros encuentren poco alimento.

Serres Urbaines: proyecto de redescubrimiento de la biodiversidad urbana


 
Durante el mes de octubre estuve como profesor invitado en la Escuela de Arte y Diseño ESAD de Reims (Francia), donde organicé un workshop sobre el redescubrimiento de la naturaleza en las ciudades. Con el lema "protegemos lo que amamos, amamos lo que conocemos, conocemos lo que usamos", los alumnos debían de proponer acciones para proteger, conocer y dar valor a la biodiversidad urbana.

El equipo formado por Audrey Charré, Clementine Schmidt y Luc Beaussart quisieron resaltar las plantas que crecen espontáneamente en el entramado urbano. Serres Urbaines (Invernaderos urbanos) es un proyecto en el cual, mediante una intervención gráfica tridimensional, se le da valor a esas plantas que crecen entre adoquines. Los pequeños invernaderos atraen la atención de la gente y, además, llevan unas etiquetas en las que remarcan las propiedades de esas plantas, que acostumbran a tener usos culinarios y medicinales.
La segunda parte del proyecto consistió en utilizar los restos orgánicos (hojas marchitas, ramitas, etc.) que se encuentran en el suelo para diseñar unos cubos de compost con los que nutrir las plantas de nuestro hogar.

En general, los alumnos pasaron la semana muy motivados y todos tuvieron ideas muy interesantes (que iremos relatando en próximos posts). Pero este equipo supo plasmar su propuesta en unos productos muy bien resueltos, dejando claro sus objetivos iniciales. ¡Enhorabuena por el trabajo, chicos!

o: Emulating Crusoe o Andrea Acosta o Souvenir holandés 

Emulating Crusoe: Re-discovering local Nature and taking it as a local resource.

Imagina tu ciudad como un sistema aislado, como si fuera una isla. ¿Sobreviviríamos? ¿Tendríamos suficiente con lo que nos da la tierra? ¿Conocemos los recursos naturales que tenemos al abasto?¿Qué haría Robinson Crusoe?

Esta es la hipótesis en la que nos centraremos en el taller que estoy organizando y que desarrollaré durante la semana que viene en la Escuela de Arte y Diseño de Reims, en Francia.

Las ciudades, como muchos científicos afirman, funcionan como ecosistemas y, por lo tanto, deberían tender hacia el equilibrio y la autosuficiencia. Un árbol no importa las hojas de China y el compost de Sudamérica. Vive con recursos propios, con lo que tiene cerca. Las ciudades pueden darnos (casi) todo lo que necesitamos para vivir bien. Pero nuestra falta de conocimiento acerca de la naturaleza urbana hace que nos estemos perdiendo una capa de información muy importante que puede ayudarnos a mejorar el territorio de manera sostenible (a nivel económico, cultural, social y ambiental). La naturaleza en las ciudades puede convertirse en una buena fuente alimenticia, medicinal e, incluso, de felicidad. Las ciudades pueden convertirse, de este modo, en proveedoras de bienestar (lo que ahora buscamos cuando viajamos a los Pirineos o a las islas Fiji). Para ello, debemos proteger la biodiversidad urbana. Pero solo protegemos lo que amamos, y solo amamos lo que conocemos (y conocemos solo aquello a lo que damos valor).

A través de metodologías de diseño exploraremos el entorno, siendo capaces de detectar y analizar los potenciales recursos territoriales y las necesidades de los ciudadanos, de manera que podamos inventar nuevas maneras de proteger, conocer y utilizar la fauna y la flora urbanas.

A ver qué tal sale...

o: Naranjas amargas o Take a seed o Las mentes del margen no son mentes marginales

¿La calle es tuya?

Esto no se toca, quita. Con esto no se juega, dale. No pises el césped, no corras. Aquí no se juega a pelota, niño. Sí, en efecto: el uso del espacio público, aunque suene a perogrullada, es público. Y pese a que, en cualquier caso, para llegar a una convivencia harmoniosa entre ciudadanos son necesarias unas reglas que hay que acatar, en muchas ocasiones da la sensación de que estas decisiones no son del todo apropiadas y reprimen al ciudadano de gozar del espacio urbano. Por ejemplo, ¿por qué un perro juega libremente sobre el césped de un parque y hay una señal que indica de manera expresa que me está prohibido pisar ese espacio por ser un humano?¿o por qué los vehículos ocupan el espacio que perfectamente podría estar destinado al viandante? Posiblemente, por pasar más tardes en la calle debido al buen tiempo y por el recuerdo –ya lejano- de los partidos de fútbol en la plaza con amigos, recojo algunas acciones que fomentan la recuperación del espacio público para el juego y el disfrute colectivo.

El primero que me viene a la mente es Santiago Cirugeda y sus Recetas Urbanas, que aprovechan las fronteras legales para beneficio del ciudadano. Kuvas S.C. es una de las acciones que permite la instalación provisional de un parque público sin necesidad del permiso explícito del Ayuntamiento.
 El juego también es el eje central de las acciones de ocupación pública de Démocratie Créative, que proponen actividades participativas lúdicas y deportivas aprovechándose de los elementos urbanos con imaginación e ironía.
Maider López, artista que trabaja en/con el espacio público, planteó en Sharjah (Emiratos Árabes) un terreno de juego no convencional instalando unas porterías de fútbol en los extremos de la plaza y pintando unas líneas que interferían en los usos convencionales del lugar.
 
Más allá de lo anecdótico que puedan considerarse estos ejemplos, creo muy interesante el planteamiento de alejarse de lo regulado, de lo establecido, para inventar nuevos usos de un espacio que es de todos. Es posible plantear nuevas maneras de vivir nuestras ciudades, de volver a retomar las calles, de generar políticas y áreas donde los niños puedan jugar y se sientan a gusto, sin ser tan cuadriculados en las normas y en los espacios. Dejar fluir, aunque sea sólo un poquito, la creatividad social y la improvisación en las ciudades. ¿Y quién tiene más creatividad que un niño?
En la foto de cabecera, el Pabellón Lucas Nogueira Garcez diseñado por Niemeyer en 1954 en Sao Paulo y que alberga en su interior un museo. Es conocido localmente como la Oca y recibe la mayor atención por su techo con suave pendiente, un magnífico tobogán improvisado para los jóvenes aventureros.
 

Nuu, ¿un banco convencional?

Aparentemente, Nuu es un banco normal. De hecho, ése era uno de nuestros objetivos: diseñar un banco convencional que pudiera competir, a nivel de calidad y precio, con los bancos de la competencia. Pero tan sólo aparentemente, así, en foto de 400x600px. Si nos aproximamos un poquito más, veremos que el proceso de diseño, los materiales y la producción no tienen nada que ver con los bancos que puedas encontrar en tu ciudad.

Nuu es el resultado de la primera fase de colaboración entre Nutcreatives, estudio de diseño integrado de producto, y Grisverd una microempresa productora de mobiliario urbano de las tierras de Tarragona. Lo fundamental es que cuando nos conocimos nos caímos bien y vimos que compartíamos filosofía, por lo que nos planteamos un plan de colaboración a largo plazo, con el objetivo de crear todo un catálogo de mobiliario urbano sostenible.

Tras un estudio de mercado, vimos que había que empezar por lo más humilde, por un banco que estética y funcionalmente no se alejara demasiado de lo que ya se venía comercializando, pero que comportara un riguroso cambio en la forma de pensar el producto.

Evidentemente, nos adaptamos a la experiencia de Grisverd y a sus procesos y maquinaria de producción, basados en la manufactura de plancha de acero. A nivel ambiental, quisimos incidir desde la fase de diseño en la prevención de los impactos negativos más importantes de las etapas del ciclo de vida críticas que señalan los diagnósticos consultados, que son la etapa de selección de materiales y la etapa de uso (la que comporta mantenimiento).

Estudiamos a conciencia los materiales que podíamos usar y nos decantamos por un plástico reciclado para asiento y respaldo y acero corten para las patas. El acero corten es un material que llega un momento en el que se estabiliza su oxidación y se autoprotege. Por lo tanto, ni necesita  procesos de protección (galvanizados, cincados, etc.) ni necesita mantenimiento. La materia prima del plástico reciclado escogido procede de la península ibérica, así como su fabricación, y tiene el distintivo de garantía ambiental de la Generalitat de Catalunya. Es reciclado y reciclable, no huele, no se deforma, no se pudre y, por supuesto, tampoco necesita mantenimiento, a diferencia de, por ejemplo, la madera. Después de realizar un Análisis de Ciclo de Vida Comparativo, comprobamos que los criterios escogidos permiten al banco Nuu tener la mitad de impacto sobre el medio que sus competidores.

A partir de ahí, y siguiendo las mismas pautas de diseño, está creciendo el resto de la familia de mobiliario: papeleras, jardineras, aparcabicis o ceniceros. Creemos que éste es el camino a seguir: ir poco a poco, actuar con coherencia y revisar a conciencia cada uno de los pasos que damos.

Competir con las grandes empresas de mobiliario que fabrican en China siendo una pequeña empresa que produce en Gandesa es difícil, pero ahí está la grandeza del reto. Y, sobretodo, dando ejemplo de cómo gestionar el diseño y la sostenibilidad en sus productos, a través de nosotros, Nutcreatives, otra microempresa con ganas de agitar la manera establecida de hacer las cosas.

La aceptación de la primera pieza es, por el momento, excelente. Nuu ganó en primavera el 1r premio Ebreambient de Productos Sostenibles y ha sido seleccionado para los prestigiosos premios Delta de diseño Industrial de la que, por cierto, mañana se inaugura en el FAD su exposición.


Design won't save the nature

Caminando por la ciudad de Berlín encontré este stencil impreso en el pavimento. "Design won't save the nature". A pesar de saber que se trata de un reclamo publicitario de una emergente marca de bicicletas, nunca estuve más en desacuerdo con una frase.

Las disciplinas creativas aplicadas, como son el diseño, el paisajismo, la arquitectura o el urbanismo tienen mucho que decir a la hora de prevenir impactos negativos sobre el medio y fomentar la diversidad cultural y biológica. Simplemente se trata de pensar (más) en todo cuanto rodea al artefacto (sea edificio, mueble, parque o complejo residencial). Sin duda, cualquier acción humana provoca un "efecto mariposa" sobre nuestro entorno. Nos comentaban las chicas del "Obrador Xisqueta" (una asociación que está dinamizando a nivel social y económico un territorio rural a través de la valorización de la lana de la oveja xisqueta, una raza autóctona del Pirineo en peligro de extinción) que los pastores están sacrificando las ovejas negras de sus rebaños -mantener una oveja de este color es una tradición cultural que se ha prolongado a lo largo de los siglos- porque la legislación ha declarado a la oveja xisqueta una raza de protección especial, pero sólo a aquellas que cumplen con las características definidas sobre el papel. Evidentemente, la oveja negra no las cumple. Éste es simplemente un ejemplo de cómo una acción, en principio, bienintencionada -proteger una raza en peligro de extinción- provoca una extinción cultural significativa, como es cargarse las ovejas negras de los rebaños.

Se trata de pensar un poquito más, de ir más allá, de buscar y dialogar con todos los actores implicados, de tener en cuenta todos los componentes que configuran un sistema. No se trata, tampoco, de filosofar y no tener, después, margen para pasar a la acción. Consiste en encontrar un equilibrio y mejorar poquito a poco, no de crear el diseño perfecto a la primera.

Me gustan, por ejemplo, las pequeñas acciones a nivel urbanístico que he encontrado, precisamente, en la capital germana para fomentar la biodiversidad de la ciudad. Se trata de pequeños espacios "robados" a parques, rotondas y parterres donde se deja crecer un prado de flores silvestres. Así de sencillo: prado en lugar de césped. Los prados son ecosistemas complejos y, en gran medida, autónomos, que ofrecen cobijo a flora y fauna que, de otro modo, sería complicado -pero necesario- encontrar en las ciudades. Además, son espacios que ayudan a educar a la población sobre procesos naturales y hacer entender la importancia de los ecosistemas y sus interacciones. Y bueno, mejor una parcela donde crecen flores de colores cambiantes que no un cuadrado de césped que tenemos prohibido pisar.
Acciones humildes, bien pensadas. Esa es la responsabilidad de cualquier diseñador (arquitecto, urbanista, etc.) para salvar la naturaleza.

Pastando la ciudad

Acercar el campo a la ciudad. Ése es el objetivo para dejar de vivir aislados en un urbanismo hostil y artificial. Con esa intención el departamento de gestión de parques y jardines de la ciudad de Turín ha llevado a cabo durante los últimos años un proyecto de pastoreo urbano. Federico Tombolato y su rebaño de cabras y ovejas bajan de los Alpes durante los meses más fríos para pasturar en los parques de la ciudad lombarda. Los parques (Meisino, Sangone y Maddalena) y sus aledaños están habilitados para que estas ovejas lleguen, permenezcan y vayan rotando entre ellos unos meses en los cuales el ayuntamiento calcula que se ahorra unos 30.000 euros en el corte y abonado del césped. Una acción inteligente que promueve el desarrollo local , reduce costes públicos y, lo más importante, ayuda a la concienciación ciudadana sobre la convivencia  posible entre los beneficios de la ciudad y los -de momento- no urbanos.

Foto de Daniele Hosmer Zambelli

o: Del cerdo se aprovecha todo o Comer lo que uno encuentra o Paja a la japonesa

Plantot. Proyecto para el análisis y la consciencia de la vegetación urbana

 
 
Es hora de hacer memoria y recuperar el proyecto Plantot, del colectivo Joystick , una asociación afincada en Barcelona y que desde el 2001 hasta el 2007 se dedicó a promover trabajos de experimentación multidisciplinar.

Plantot fue seleccionado por el Centro Cívico Can Felipa como uno de los proyectos de investigación subvencionados para realizar durante el 2007. El proyecto incidía en la relación de los ciudadanos de Barcelona con las plantas de su alrededor, pretendiendo crear vínculos entre unos y otros. A través de la visualización de las plantas cosmopolitas y sus ciclos, se trataba de generar un acercamiento a la agricultura urbana a pequeña escala y de apropiarse del espacio público por parte de quienes lo habitan.

De esta manera, se creó un mapa –desafortunadamente, no disponible en la web- con la ubicación de los árboles y plantas con usos domésticos, se enseñó a crear mermelada de naranja amarga con los frutos que crecen en la ciudad,  se diseñaron una serie de manuales de siembra y aprovechamiento de especies comestibles que podían plantarse en espacios públicos y se consiguió crear un jardín comestible en Poblenou, donde se organizaron eventos y se dispuso de un espacio comunitario para plantar con el objetivo de acercarnos con respeto a nuestro entorno vegetal.

Según parece por la página web, el proyecto no siguió avanzando como prometía. Después de cuatro años de sus inicios, me parecía adecuado rescatarlo del olvido porque quizás en el 2011, este tipo de ideas pueden resultar más interesantes para la población que, muy poco a poco, se conciencia cada vez más de lo importante que resulta el verde-que-no-forma-parte-de-un-parterre-limitado-de-1m2 en las ciudades.

o: NoubarrisnouNaranjas amargas o Hacer crecer lo verde

Lucha de barro verde

La primavera pasada os contábamos la idea del estudio de arquitectura Urbanarbolismo de crear una batalla verde, en la que el barro, las semillas y la diversión fueran una excusa para la vinculación de los habitantes con su entorno urbano y la generación de una zona verde. Finalmente, este mes de agosto, la primera Batalla Verde tuvo lugar en el Castell de Guadalest (Alicante), donde unas 200 personas disfrutaron tirándose bolas de barro (y semillas) que servirán para la restauración del parque del Mora.

La batalla fue todo un éxito; la alcaldesa de la localidad resume en una frase todo lo que el proyecto esconde tras esta corteza lúdica: “si los vecinos se implican en el desarrollo de su propio medio, entonces comprenderán de manera más visual que lo público es de todos".

o: Tomatina verde o The Fun Theory o Árboles, no bombas

Naturaleza en espacios abandonados

El plan Anglesola tiene como objetivo principal la creación de nuevos edificios en el casco antiguo del barrio de les Corts. Para ello, hace algo más de un año derribaron una serie de edificios singulares, incomprensiblemente sin ni siquiera mantener la bella fachada. Paseando ayer por mi querido barrio –que pronto dejaré- me sorprendió gratamente la manera salvaje en que la naturaleza se ha apoderado de esos solares abandonados: la vegetación crece sin ningún tipo de control, sin ningún alcorque o limitación que se lo impida, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los parques, donde todo está perfectamente calculado (las hiedras con las hiedras y las gramíneas, por favor, que no invadan lo que no es suyo); los pájaros campan a sus anchas e, incluso, se pueden ver algunos pequeños reptiles inofensivos.

De todos modos, los sentimientos son contradictorios: por un lado, entiendo que un solar abandonado, lleno de maleza y donde reina el caos, pueda no ser un lugar socialmente aceptado y que genere rechazo. Puedo llegar a entender -por esa antipatía que genera lo no ordenado-  que se convierta en una zona donde tirar escombros y basura y que, obviamente, esto conlleve problemas de seguridad, higiene y civismo. Pero, por el otro lado, defiendo las ideas de Kevin Lynch en su libro “Echar a perder”, donde explica que esos espacios abandonados, decadentes y deteriorados son necesarios en las ciudades, y que debemos aprender a valorarlos y saber gestionarlos bien. Por ejemplo, esos lugares invadidos por la naturaleza fomentan la biodiversidad. Seguramente (me gustaría estudiarlo empíricamente), existan más especies diferentes por metro cuadrado que en cualquier parque típico (que parece que los espacios verdes en Barcelona son franquicias, todos iguales, con las mismas especies y distribución). Lynch dice que en un antigua estación de tren en Berlín es “actualmente (en 1995, cuando escribió su libro, porque creo que se refiere a la zona donde hoy día se alza la nueva y flamante estación central de Berlín) un rico paisaje que contiene muestras de un tercio de toda la flora de la región, incluyendo especies raras y amenazadas y algunas formas autóctonas”. De hecho, la exposición de Jef Beys sobre especies ruderales nos da una idea clara de la utilidad medicinal y culinaria asociada a esas plantas que crecen en cualquier sitio de la ciudad.

El ser humano tiende a ordenarlo todo. Intentamos ordenar la naturaleza y eso se aprecia en ramblas y parques de nuestras ciudades, donde todos los árboles son de la misma especie, tienen la misma altura y están ubicados a la misma distancia el uno del otro. Pero la naturaleza es caótica y desordenada, aunque harmónica e (invisiblemente) estructurada. Un bosque es así y lo disfrutamos, sin preocuparnos de si este árbol no debería ir unos metros más allá o qué hace esta planta de flor azul entre arbustos de genista. ¿Por qué no lo disfrutamos también en nuestras ciudades? ¿Por qué no aprendemos a apreciar y respetar las plantas que crecen de manera espontánea?





o: Catálogo de especies ruderales o Andrea Acosta o La ciudad en crisis

La ciudad en crisis

He acabado de leerme el interesante libro ‘La ciudad en crisis’ de Elaine Morgan, la controvertida científica que defiende la hipótesis del mono acuático. En este libro, escrito en 1974, no polemiza sobre el origen del ser humano, sino que plantea una serie de cuestiones acerca de nuestra vida en las ciudades. Hace ya 35 años, la autora avisaba de que “el tipo de ciudades que permitimos se construyan hoy determinará la forma de vivir y de pensar de nuestros hijos y nietos. Es preciso reaccionar ahora mismo”. A mí me parece premonitorio y, por tanto, muy recomendable su lectura, sobretodo los primeros capítulos, cuando habla de que la arquitectura y el diseño de las ciudades puede mejorar el bienestar de los ciudadanos, favoreciendo el sentimiento de comunidad, cuyos miembros tienden a dar más importancia a las personas que a las cosas, contrariamente a lo que ocurre en la mayor parte de las actuales áreas urbanas.

Sobre todo, me fascina el ejercicio intelectual –como ella subraya- que propone al principio del libro, cuando se plantea el origen biológico de las ciudades y lo compara con las especies gregarias de abejas. Considera que tanto en las abejas gregarias (tan sólo un 10% de las especies de abejas conocidas, el resto son solitarias) como en el ser humano, se debe haber producido el mismo tipo de salto evolutivo hacia un tipo de organización social comunitaria.

Argumenta que las semejanzas entre las formas de organización social en la colmena y en la ciudad pueden ser superficiales, pero de ninguna manera atribuibles a una mera coincidencia. El factor ecológico que precipitó este sorprendente desarrollo ha sido exactamente el mismo en ambos casos. Fue una asociación repentina, de éxito fulminante y de ayuda mutua, entre una clase particular de animal y una planta de características especiales.

Habla del mutualismo -esto es, la interacción biológica entre individuos de diferentes especies, donde ambos se benefician y mejoran su aptitud biológica- que se da entre abejas y algunas flores y la aparición de la colmena como lugar de almacenamiento de los productos vegetales que alimentan la explosión demográfica de la población de abejas. Las ventajas de poder acumular y atesorar productos alimentarios por períodos prolongados sin sufrir deterioro  convierten inevitablemente al insecto nómada en sedentario. Además, puesto que resultaba tan valioso para las abejas como para sus enemigos, era conveniente construir una ciudadela a su alrededor y agruparse de manera cada vez más compleja, a fin de defenderla.

Y lo compara con el origen de la civilización humana: la asociación, en el caso del ser humano, fue constituida, por una parte, por una especie de bípedos sin pelos y, por otra, por los granos de cierto tipo de planta (maíz, trigo, arroz). La población de bípedos y de granos alimenticios aumentó en forma conjunta, en la medida que los hombres cuidaron los cultivos, extendieron sus hábitats, talaron los árboles cuya sombra impedía el avance de los sembrados y declararon la guerra a todos sus enemigos, desde las malas hierbas hasta la sequía.

Los hombres corrieron la misma suerte que las abejas, ya que el producto vegetal con el que se aliaron poseía muchas calorías y podía ser almacenado. Se dieron cuenta de que era necesario construir depósitos para ello, estableciendo comunidades sedentarias en sus alrededores y preparándose para defenderlos de los merodeadores. Su organización social, hasta entonces no demasiado diferenciada del modelo del primate, comenzó a desarrollarse y, en poco más de cinco mil años, ha alterado el esquema primitivo y sigue alterándolo hasta hacerlo totalmente distinto.

Luego continúa hablando del equilibrio y autocontrol existente en las comunidades insectívoras y cómo el ser humano ha dejado de lado las leyes de la naturaleza, asumiendo las graves consecuencias que ello comporta. Sin duda, un interesante ensayo sobre las ciudades contemporáneas y su relación con el entorno que, aunque obsoleto en algunos capítulos, sigue vigente en su mayor parte después de 35 años.


Imágenes: Panal de abejas/ Ixtapaluca (Mexico)


o: Ciudades como sistemas vivos o Naranajas amargas o La ciudad jubilada

Naranjas amargas

Todos los días los vemos en la ciudad y pasamos indiferentes por su lado mientras ellos permanentemente están trabajando para nosotros, liberando oxígeno, absorbiendo las partículas de polvo que se encuentran en el aire, produciendo sombras agradables en verano, sus flores nos perfuman la ciudad y nos anuncian la primavera y con ella la llegada de la Semana Santa y la Feria de Abril; sus frutos en calles y plazas son la admiración de todos los que nos visitan.

Sabina Rossini y José Elias. El naranjo amargo de Sevilla

Si, como dice la canción, Sevilla tiene un color especial  es, en gran parte, a sus más de 25.000 naranjos amargos distribuidos por su espacio urbano. De origen asiático, este árbol (Citrus aurantium Linneo var. Amara) fue introducido en Europa por los marinos genoveses en el siglo X. Posteriormente, fueron los árabes quienes lo extendieron por España. La preferencia de este cítrico para su uso ornamental no sólo se debió ver influida por la hermosura de su porte, sus hojas perennes de verde oscuro o sus flores blancas de delicioso aroma, sino también por la tradición china que viajó con éste que dice que el naranjo amargo da la felicidad a su dueño, además de las virtudes curativas que se le atribuye al agua de azahar.

Aunque el fruto es demasiado amargo para su consumo en fresco, su utilización en la industria es común, sobretodo en confitería. Asimismo, de la flor del naranjo amargo -o flor de azahar- se extraen aceites y esencias muy valorados en perfumería y farmacia. También se utiliza su corteza y su fruto como extracto de fruta para dar sabor a refrescos y licores como el Cointreau y el Curaçao. Y también gozó de popularidad en el pasado el vino de naranja. Pero, sobre todo, su uso más extendido a lo largo de la historia se da en la elaboración de mermeladas.

Fueron los barcos escoceses de la naviera MacAndrew los primeros exportadores de naranja amarga al norte de Inglaterra, que llegaban a Río Tinto cargados de carbón y volvían hacia las islas europeas con hierro y, también, naranjas amargas. Fue allí donde se produjeron las primeras mermeladas, convirtiéndose en uno de los  alimentos indispensables del tradicional desayuno inglés.

Actualmente, la comercialización del fruto tiene un mercado inestable por existir mayor producción que demanda, teniendo en cuenta que el principal consumidor es el Reino Unido. Quizás el mercado británico se ha tornado insuficiente para la plantación de nuevos campos de naranjo amargo, pero ¿es económica y técnicamente viable el aprovechamiento de la naranja amarga urbana?

En el caso sevillano, el Ayuntamiento procede anualmente a la enajenación del fruto, es decir, que adjudica –por una licitación al alza-  el dominio de los bienes derivados de estos a los comerciantes interesados, que pueden pujar para la adjudicación de la cosecha, con la obligación de total retirada de los frutos de las naranjas ubicadas en la vía pública, parques, jardines y paseos de la ciudad. Por un lado, el ayuntamiento externaliza los costes de recogida de las naranjas que, tras su maduración, caen al suelo y ensucian las calles y, por el otro, existe un beneficio económico derivado de un elemento, a priori, ornamental. De todos modos, algunos años los márgenes de beneficio no son demasiado elevados y a veces existen dificultades para la recolección. El precio de venta fluctúa en función de la demanda, completamente dependiente del mercado confitero británico. Curiosamente, en Sevilla, donde se produce el 89% de la producción de naranja amarga para la producción de mermeladas, no se suele consumir en bares o restaurantes, como afirman los autores del libro ‘El naranjo amargo de Sevilla’, Sabina Rossini Oliva y José Elías Bonells.

Tenemos la concepción de que un árbol en la ciudad tan sólo es un ornamento, pero como vemos con el caso de los naranjos amargos, no es así. En muchos casos, los árboles urbanos se convierten en símbolos tradicionales; en otros, pueden convertirse en un recurso social y económico. Si nos planteamos el arbolado urbano como algo más que un adorno podemos generar riqueza, tanto económica, como social y ambiental. En todo esto, el diseño y el urbanismo tienen mucho que aportar. Por ejemplo, podemos plantearnos el diseño de estrategias o campañas que incentiven el consumo de productos elaborados a partir de naranjas amargas (vinos, aceites, dulces,…) a nivel local; o podemos renovar la logística de recolección del fruto, incorporando personas con riesgo de exclusión laboral; o podemos plantar más árboles frutales en las calles y parques al abasto de cualquiera; o podemos rediseñar avenidas y bulevares considerando un mayor número de especies –¡como en los bosques!- y ganando en biodiversidad,  por citar algunas ideas.

Así, cuidando el diseño del entramado urbano podemos llegar a recuperar algo de vital importancia para el bienestar de los ciudadanos, que es nuestro vínculo con el territorio,  muchas veces olvidado.

Artículo publicado en Veoverde

o: Stanley Honey o Livable Streets o La Ciudad Jubilada

Depósitos de agua bajo suelo

Repasando la historia de Barcelona, se encuentran múltiples referencias a las graves inundaciones que han ido afectando periódicamente a la ciudad, así como a las diferentes soluciones que se han ido adoptando para paliar estos problemas. Desde los romanos, el sistema de alcantarillado ha ido evolucionando en función del crecimiento y las necesidades de la ciudad. Durante muchas décadas se han ido sucediendo diversos planes de saneamiento de carácter estrictamente higienista hasta llegar a 1997, cuando se elabora el primer Plan Especial de Alcantarillado de Barcelona (PECLAB), que se marca los ambiciosos objetivos de solucionar definitivamente la problemática de las inundaciones,  dotando a Barcelona de un sistema de alcantarillado moderno que responda a los grandes cambios urbanísticos y reduciendo el impacto ambiental sobre los medios receptores (el mar Mediterráneo y los ríos Besós y Llobregat)en episodios de lluvia, contribuyendo a la preservación de los ecosistemas acuáticos y marinos y a la limpieza de las playas.

El PECLAB, que se actualizó en 2003, pivota sobre 10 enormes depósitos que se esconden bajo las calles de la ciudad, capaces de retener más de 50.000 m3 de agua, lo que permite una laminación del caudal que ayuda a que la red aguas abajo pueda funcionar de manera más descargada en episodios de lluvias torrenciales, fenómeno común en la zona. Además, esta agua de lluvia acostumbra a arrastrar partículas contaminantes acumuladas en las calles de la ciudad, con lo que su retención evita su vertido en playas, ríos y puerto y permite canalizarla poco a poco a la depuradora, donde puede ser tratada.

Estas grandes obras de ingeniería disponen de las más avanzadas tecnologías que permiten una gestión centralizada de la limpieza,  la obertura y clausura de compuertas y la telesupervisión de su estado de funcionamiento. Clabsa (Clavegueram de Barcelona, SA), la empresa municipal responsable de este sistema, basa su gestión en el programa denominado GADU (Gestión Avanzada del Drenaje Urbano), que constituye en sí mismo su filosofía de trabajo, fundamentada en el conocimiento preciso del sistema a través de diferentes sistemas tecnológicos de control, la planificación adecuada y actualizada permanentemente, la explotación activa y controlada que permite flexibilidad en sus acciones y la coordinación e integración como fundamento imprescindible de gestión de un subsistema íntimamente relacionada con el resto del ciclo hídrico, el medio ambiente y el urbanismo.

o: Atrapanieblas o Transparent bath o Fiestas de Gràcia 2008

Devolver a la naturaleza lo que es suyo. Los (ex)vertederos de Madrid y Barcelona

Durante el final de los años sesenta y principios de los setenta, España está en plena transformación social, económica y territorial, un hecho que se hace patente, sobretodo, en las grandes áreas metropolitanas, como son las de Barcelona y Madrid. Los cambios en la actividad productiva, el aumento poblacional y la modificación de las pautas y de los hábitos de consumo de los ciudadanos, hace que la basura empiece a suponer un problema para el cual hay que encontrar nuevos tratamientos. No sin polémica (y tampoco sin capacidad para discutirlo -recordemos que aún estamos bajo régimen franquista), se abren los vertederos de Rivas (Madrid) en 1967 y el Garraf (Barcelona) en 1974.

Han pasado 30 años. Evidentemente, sigue habiendo basura que tratar, pero la situación empezó a ser insostenible cuando las ciudades que albergaban los vertederos empezaron a crecer y éstos ya no estaban en las afueras, sino que pasaron a formar parte del día a día de la ciudad. Pero han pasado 30 años. Y, además de estar sobresaturados y quedar obsoletos, existen otras prácticas de gestión y tratamiento de residuos que, por fortuna, se han consolidado, permitiendo la clausura y la readecuación de ambos espacios.

La zona de Rivas ha quedado descontaminada después de cinco años de trabajo y 26 millones de euros. Se ha reforestado con un millar de pinos y a sus faldas han quedado instalados el nuevo recinto ferial y un auditorio al aire libre para 12.000 espectadores, que lleva el nombre del ilustre rockero español Miguel Ríos.

Por otra parte, el proceso de restauración del vertedero del Garraf empieza en 2001, aunque éste no se clausura definitivamente hasta el 2006. La restauración de un vertedero no es fácil y, de hecho, aún sigue en marcha (se estima que durante este año se termine, aunque la recuperación total del espacio aún durará años). La complejidad del proyecto hizo que se contara con un equipo pluridisciplinar liderado por el estudio Batlle i Roig Arquitectes, que se propusieron la integración del depósito en el ámbito del parque natural del Garraf, donde se encuentra ubicado. Para ello, la propuesta se basa en la disposición de terrazas, que continúan el paisaje de mosaicos agroforestales cercanos, y que se adecúan a las necesidades técnicas de clausura, sellado y de revalorización energética del biogás procedente de los residuos enterrados aún activos.

El proceso de implantación de la vegetación se realiza a partir de especies autóctonas muy resistentes, de pocas necesidades hídricas y adaptadas al medio. La plantación se organiza en estructuras vegetales vinculadas a la forma topográfica de las terrazas y a la sucesión y desarrollo de los ecosistemas primarios naturales. Los sistemas de drenaje permiten conducir las aguas de lluvia hacia los depósitos de reserva, permitiendo el riego en las épocas estivales. La formalización de las diversas terrazas ha permitido establecer un sendero que recorrerá todo el espacio restaurado cruzando los distintos campos y subiendo a través de los diversos bancales, conectando con el parque natural. Por este proyecto, los arquitectos fueron galardonados con uno de los premios que concedió el ‘1st World Architecture Festival’ (2008) porque, según el jurado, la recuperación del vertedero del Garraf representa un ejemplo perfecto de cómo puede devolvérsele la vida a una naturaleza muerta y convertir los residuos en una bonita obra de arquitectura paisajística.


Texto escrito de Jon Marín publicado por Veoverde 

Ciudades como sistemas vivos

El libro "La Ecología: guía de bolsillo", de Ernest Callenbach es un extraordinario libro en el que se exponen diferentes conceptos ecológicos básicos de una manera muy accesible para todos los públicos y que aúna rigor científico, opinión crítica sobre algunas maneras de ver (y hacer) el mundo y llamadas a la responsabilidad moral de los ciudadanos. Una de las entradas trata la ecología urbana. Además de explicarnos el concepto de huella ecológica y de mostrarnos cómo reducirla, hace una comparación maravillosa entre las ciudades y los organismos vivos, que reproduzco a continuación:

"Contemplada desde un avión que sobrevuela una ciudad, ésta puede fácilmente parecer un oganismo gigante que se extiende kilómetro tras kilómetro. Al igual que un ser vivo, una ciudad rebosa de vida y atrae hacia sí alimentos y agua. Consume enormes cantidades de energía; requiere madera, cemento, vidrio y acero. Genera trenes cargados de basura que deposita en valles cercanos y construye sistemas de alcantarillado que desembocan en aguas cercanas. El cuerpo de una ciudad tiene diferentes órganos (zonas comerciales, residenciales e industriales) conectados entre sí por calles y carreteras donde los vehículos fluyen como glóbulos por la sangre. Los líquidos y los gases circulan a través de miles de intricadas ramificaciones de tuberías y conductos subterráneos. [...] Desde un punto de vista ecológico, es imposible pensar en organismos aislados, lo que también incluye a las ciudades. Éstas existen en simbiosis con otras regiones colindantes: las zonas vecinas o distantes de las que se abastecen y a las que proporcionan pericia técnica, información, productos manufacturados, servicios gubernamentales y otros servicios indispensables. [...] Una ciudad moderna debería autoabastecerse. Como un ecosistema natural, a medida que madura, dedica más energía al mantenimiento y las reparaciones y menos al crecimiento, llegando a un punto de equilibrio óptimo para la ciudad y también para su entorno".

¿Os parece acertada la analogía? ¿Qué opinais?

Ecología. Guía de bolsillo. Ernest Callenbach. Siglo XXi de España Editores SA. 1999.
Fotografía: Transit Tree Image: Brandon Martin-Anderson


o: Polímeros: entre la degración del medio y el progreso sostenible o The Livable Streets Initiative o Catálogo de especies ruderales

1000 white flags

Esta obra artística de Casagrande & Rintala está formada por 1000 banderas blancas realizadas con sábanas procedentes de psiquiátricos, colocadas en unos postes de plancha de tres metros de longitud, clavados en una pista de esquí del Koli National Park, con el objetivo de celebrar la locura de los especuladores que talaron el antiguo bosque existente en este área forestal, una de las más bellas de Finlandia.

A protest against the development of Finland's Koli Nationa Park as a cross-country ski resort. In the summer of 2000, after collecting unwanted sheets from psychiatric hospitals around the country Casagrande & Rintala made 1000 white flags to punctuate the verdant landscape of one ski-slope as a gesture of surrender to insanity.

o: Andy Goldsworthy o Andrea Acosta o ShedBoatShed

Mobiliario sin barreras

Nos cuenta Granada Barrero, desde su revista online DeiDigital, los resultados del taller impartido este verano por Santiago Cirugeda en Sevilla. Los proyectos han sido desarrollados entorno a la reutilización creativa de elementos que limitan temporalmente el espacio urbano, tales como balizas, vallas, encofrados o alambradas, dando nuevos elementos de mobiliario urbano que serán utilizados en espacios con carencias o destinados a colectivos con necesidades específicas. Aquí podeis ver algunas de las propuestas más originales.

+: DeiDigital
o: Assises éphémères o Xan o Arqueología de la basura