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Mar el poder del mar


El mar es algo más que agua salada. Por desgracia, tenemos los mares llenos de mierda. La ONU estima que hay alrededor de 100 millones de toneladas de plástico flotando en los océanos. Menos mal que siempre hay mentes despiertas que encuentran la manera de hacer del problema, virtud. Eso es lo que han hecho Studio Swine y Kieren Jones.  El proyecto se llama "Sea Chair", fue presentado en la feria del Mueble de Milán de 2012 y se trata del diseño y desarrollo de un proceso para construir mobiliario con el plástico capturado en las redes de los pescadores.  Y podrían haberse quedado aquí, pero no. 

Se trata de un proyecto de código abierto para que cualquiera pueda hacerse sus propias sillas y taburetes con el plástico marino recolectado. El proceso es tan fácil y está tan bien explicado que casi dan ganas de salir a navegar y contribuir de manera directa a limpiar nuestras costas. De hecho, es lo que los diseñadores nos muestran en el vídeo. Montaron a bordo de un buque de pesca para probar su idea: recogieron el plástico, lo fundieron en un horno casero y le dieron forma con unos sencillos moldes. Hecho esto, la masa se enfría con la propia agua del mar, se atornillan las patas y se marca con el registro de coordenadas geográficas donde se realizó. Ojalá llegue el día en el que cueste hacer estos muebles. Significará que, por fin, acabamos con los plásticos del mar.



Arte tocón


A veces, la creatividad supera la adversidad. Y para muestra un tocón.

Paseando por el parque del Palacio de la Magdalena, en Santander, existen pequeñas figuras de madera -setas, pingüinos o asientos- entre los castigados pinos por los temporales. Algunos de ellos no soportan el embate de los vientos y caen o tienen que ser talados por seguridad. Rogelio Verdeja es uno de los jardineros que se hacen cargo de las 24 hectáreas en las que, antiguamente, veraneaban Sus Majestades Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Además de las típicas tareas de mantenimiento, Rogelio modela los tocones de los árboles derribados creando pequeñas obras de arte talladas en madera que, con el paso del tiempo, tienden a desaparecer y formar parte, de nuevo, del combinado de nutrientes que el resto del bosque absorbe, agradecido, de la tierra fértil.

Lo que Rogelio hace desinteresadamente es, sin duda, un tipo de land art rústico, perpetrado con navaja y formón, que acerca la naturaleza al público a través de la creatividad y la maña de su autor.


Terracycle te recicla

En abril de 2011, Terracycle irrumpía en España de la mano de BIC y en Resseny os lo contábamos. Dos años antes ya nos habíamos hecho eco de esta iniciativa estadounidense que se preveía en auge, algo que se ha ido confirmando a lo largo de estos años.

Terracycle se basa en la compensación económica por la recogida de residuos difícilmente recuperables por los sistemas de gestión convencionales. Se crean Brigadas en colegios, universidades y empresas que se hacen cargo de la recogida de materiales de desecho a cambio de puntos canjeables por donaciones a ONG’s o, en el caso de escuelas, por recursos educativos para el propio centro.

Durante estos años se han formado Brigadas de recogida de elementos de escritura, pequeños envases específicos e, incluso, colillas de cigarrillos.

Ahora, Terracycle nos presentan en España dos nuevas Brigadas: la de los teléfonos móviles y la de cartuchos y tóners. Con estos programas de recolección se pueden reciclar todo tipo de móviles estropeados o en desuso, así como cartuchos de impresora y toners vacíos, dando una solución sostenible a este tipo de residuos tan habituales en los centros de trabajo.

Si vuestra empresa está interesada, no dudeis en poneros en contacto con ellos para formar parte de estas brigadas que ayudan a eliminar residuos y a financiar organizaciones a favor de los derechos ambientales y sociales.

Collserola conquista Barcelona



¿Sabías que estamos rodeados de naturaleza? El problema es que no nos damos cuenta. Y necesitamos ser conscientes del valor de la biodiversidad que tenemos cerca. Si conocemos esta naturaleza, la querremos. Y si la queremos, la protegeremos. “Bioloop: Collserola conquista Barcelona” es una acción de guerrilla que pretende que estés al acecho, al tanto del verde que te envuelve. Y un grito para que ayudes a fomentar las plantas a nivel urbano.

Bioloop es un proyecto co-diseñado por Nutcreatives y los alumnos del IES Joan Boscà. Se trata de una iniciativa del ICUB y de A Bao A Qu denominada Creadors En Residència, consistente en la realización de un proyecto por parte de un artista o diseñador de manera conjunta con chavales de instituto.

Nutcreatives propuso fomentar, proteger y dar a conocer la biodiversidad que hay en la ciudad de Barcelona. Y entre todos decidieron crear una intervención urbana. Para ello, diseñaron unos objetos que representaran la naturaleza que baja de Collserola y conquista la ciudad; una pieza replicable y que la gente se la puediera llevar a casa como recuerdo de la acción. Y diseñaron los bioloops, una especie de magdalena viva hecha con arcilla de la zona, abono y semillas locales.

El 5 de junio, día mundial del medio ambiente, 800 muffins de barro y plantas conquistaron el barrio de les Corts, escondidos bajo los bancos, dispersos en la plaza o al cobijo de las escaleras, con la intención de que la gente se fijara más en la trama verde urbana y, quien quisiera, acogiera uno de estos bombones de vida en casa.

Puedes ver todo el proceso en el blog del proyecto.
Y más fotos en el fb de Nutcreatives.




Pintando un corazón de tiza en la pared

 
 
 
 
 
 
 
 
¿Quién dijo que el grafiti era de vándalos y maleantes? ¿Aún quedan personas que piensan en el arte callejero como algo sucio fruto de la inadaptación social? Pues para ellos especialmente va la reseña de este proyecto: Luz nas Vielas, de los chicos de Boamistura.

La intervención se desarrolla en Vila Brasilândia, una de las favelas que proliferan en la periferia de Sâo Paulo. El proyecto, que utiliza anamorfismos, colores planos y palabras inspiradoras, tiene una fuerza estética impactante. No obstante, lo determinante en esta intervención artística es la implicación de la comunidad. Los autores de la obra no son ya los artistas de Boamistura, sino que han compartido todo el proceso de transformación del entorno con los lugareños, niños y mayores, dejando que lo hicieran suyo y convirtiendo el grafiti en un potenciador de toda la trama sociocultural del barrio y en un agente de identificación y empatía de los habitantes con su entorno.

Manzanas a una manzana

El mejor melocotón que haya podido comerme jamás lo encontré en un badulaque danés. Ni en Navarra ni en el valle del Jerte. Tampoco es que fuera de allí, sino que viajó miles de kilómetros desde, precisamente, algún lugar de la Península para poder ser degustado en el norte de Europa. Qué paradoja. Por fortuna, le estamos empezando a coger el gusto a comer alimentos sanos. Sin embargo, aún desconocemos (y en según qué casos, incluso despreciamos) lo que tenemos cerca.
De todos modos, el quilómetro cero ya es algo cada vez más popular. Consiste en consumir productos de calidad y cercanos, que hayan recorrido trayectos cortos desde el lugar de origen a nuestra mesa. ¿Y qué lugar es el que se encuentra más cerca de la mesa de cualquier ciudadano? Precisamente, la propia ciudad. Como sabéis, me chiflan los temas relacionados con la aproximación de la naturaleza a las urbes. Y el proyecto de final de carrera de Vahakn Matossian, que acabó la carrera de Diseño en el Royal College en 2009 es uno de mis favoritos, sobretodo, porque aún sigue vivo: Fruit City.
 
Si miramos a nuestro alrededor, en cualquier ciudad, nos daremos cuenta de que estamos rodeados de naturaleza. Naturaleza que nos puede ser útil. Y que puede ser identificable fácilmente. Un ejemplo: los árboles frutales. En cualquier ciudad hay ciruelos, almeces, almendros, alguna higuera e, incluso, plataneras que sabemos qué son y para qué sirven. A raíz (nunca mejor dicho) de esta hipótesis, Vahakn desarrolla un mapeado de Londres, identificando los árboles frutales y lo sube a una web, donde todo el mundo puede ir actualizándolo. La web también contiene una sección de cocina (donde encontrar recetas hasta para hacer sidra) y una guía de reconocimiento de especies. Y además, en un ataque de lucidez, al amigo se le ocurre diseñar una serie de artilugios para facilitarnos la recolección. Una iniciativa que es la pera limonera (y acabo con los chistes frutales, sorry).
 

Terracycle recoge bolis españoles

Si hace dos años os contábamos la magnífica historia de Terracycle, ahora podemos explicaros su experiencia española. Terracycle es una iniciativa que surge en Estados Unidos en 2001 y que se basa en la recogida y reutilización de envases no reciclables. Estos residuos son recogidos en colegios, universidades y empresas a través de los programas de Brigada  De Terracycle.

Durante la primavera pasada, Terracycle aterriza en España de la mano de BIC,  el fabricante mundial de bolígrafos e inician un programa de recogida de bolis en los lugares donde éstos más se utilizan: colegios, universidades y empresas. Con la vuelta al cole, BIC y TerraCycle invitan a las escuelas a unirse a sus esfuerzos para reciclar más instrumentos de escritura y ayudar a asociaciones como Fundación Exit y Fundación + árboles.

El programa permite que cualquier material de escritura, independientemente de si es de BIC o no, pueda reciclarse en nuevos artículos como estuches, papeleras o regaderas. Por cada instrumento de escritura recolectado se donan 2 puntos TerraCycle (0,02 céntimos de euro) al equipo de recogida. Estos puntos son canjeables por regalos solidarios o donaciones a la asociación u organización benéfica elegida por cada uno de los centros participantes. En el caso de las escuelas, el dinero también se destina a proyectos educativos del propio centro.

Participar es sencillo. Las entidades se registran en la web  y una vez se vayan recolectando los bolígrafos usados, los paquetes se envían a un almacén de TerraCycle, donde los bolígrafos serán procesados y convertidos en nuevos productos. Según Gonzalo Barral, director general de BIC Iberia, “a pesar de que los bolis BIC son conocidos en todo el mundo por emplear una cantidad mínima de materia prima sin sacrificar la más alta calidad y también por ser productos duraderos, además de que trece de sus principales productos cuentan  con la ecoetiqueta oficial francesa, BIC va más allá y ofrece nuevas soluciones innovadoras en términos de separación de residuos y  opciones cuando termina la vida útil de los instrumentos de escritura”.

¿La calle es tuya?

Esto no se toca, quita. Con esto no se juega, dale. No pises el césped, no corras. Aquí no se juega a pelota, niño. Sí, en efecto: el uso del espacio público, aunque suene a perogrullada, es público. Y pese a que, en cualquier caso, para llegar a una convivencia harmoniosa entre ciudadanos son necesarias unas reglas que hay que acatar, en muchas ocasiones da la sensación de que estas decisiones no son del todo apropiadas y reprimen al ciudadano de gozar del espacio urbano. Por ejemplo, ¿por qué un perro juega libremente sobre el césped de un parque y hay una señal que indica de manera expresa que me está prohibido pisar ese espacio por ser un humano?¿o por qué los vehículos ocupan el espacio que perfectamente podría estar destinado al viandante? Posiblemente, por pasar más tardes en la calle debido al buen tiempo y por el recuerdo –ya lejano- de los partidos de fútbol en la plaza con amigos, recojo algunas acciones que fomentan la recuperación del espacio público para el juego y el disfrute colectivo.

El primero que me viene a la mente es Santiago Cirugeda y sus Recetas Urbanas, que aprovechan las fronteras legales para beneficio del ciudadano. Kuvas S.C. es una de las acciones que permite la instalación provisional de un parque público sin necesidad del permiso explícito del Ayuntamiento.
 El juego también es el eje central de las acciones de ocupación pública de Démocratie Créative, que proponen actividades participativas lúdicas y deportivas aprovechándose de los elementos urbanos con imaginación e ironía.
Maider López, artista que trabaja en/con el espacio público, planteó en Sharjah (Emiratos Árabes) un terreno de juego no convencional instalando unas porterías de fútbol en los extremos de la plaza y pintando unas líneas que interferían en los usos convencionales del lugar.
 
Más allá de lo anecdótico que puedan considerarse estos ejemplos, creo muy interesante el planteamiento de alejarse de lo regulado, de lo establecido, para inventar nuevos usos de un espacio que es de todos. Es posible plantear nuevas maneras de vivir nuestras ciudades, de volver a retomar las calles, de generar políticas y áreas donde los niños puedan jugar y se sientan a gusto, sin ser tan cuadriculados en las normas y en los espacios. Dejar fluir, aunque sea sólo un poquito, la creatividad social y la improvisación en las ciudades. ¿Y quién tiene más creatividad que un niño?
En la foto de cabecera, el Pabellón Lucas Nogueira Garcez diseñado por Niemeyer en 1954 en Sao Paulo y que alberga en su interior un museo. Es conocido localmente como la Oca y recibe la mayor atención por su techo con suave pendiente, un magnífico tobogán improvisado para los jóvenes aventureros.
 

Take a seed. Vincularse al territorio a través de un gesto

 
Hará ya cosa de un año de mi presencia en la semana internacional en la Hochschule für Gestaltung de Schwäbisch Gmünd. Dentro de este marco se inscribieron una serie de talleres participativos, entre ellos, el que desarrollé yo alrededor del concepto de ciudades permeables.

Básicamente, el objetivo del taller consistía en analizar el entorno e identificar aquellas necesidades o problemáticas en las que el diseño y la creatividad pudieran incidir de manera positiva. Uno de los grupos se centró en las interrelaciones existentes en la universidad tanto a nivel social como natural. Por entonces, el centro se encontraba en un proceso de mudanza integral debido a que el edificio antiguo había quedado obsoleto. La nueva ubicación es más acorde a las necesidades de una escuela de diseño, pero se encuentra en un polígono de oficinas aún en construcción, alejado de la ciudad y completamente deshabitado.

El equipo de trabajo se centró en este sentimiento de desapego con el entorno, creando un sistema cerrado que englobara a la comunidad universitaria, las necesidades del centro (a nivel de residuos) y su contexto natural. Lo interesante, como muchas veces, se aprecia en el proceso –en el por qué y en el cómo- más que en el resultado final.

Los chicos empezaron a tirar del ovillo a raíz de observar la cantidad de vasos de papel  desechables que se consumían a lo largo del día (la adicción al café allí es sustancial). Pensaron en darles un nuevo uso y se les ocurrió que podían servir como recipientes para hacer crecer plantas. De ahí resultó lógico derivar a la creación de un sistema en el que los residuos orgánicos compostados de la cantina fueran aprovechados como sustrato para el contenedor, en el que se podrían plantar, por ejemplo, semillas de plantas que tuvieran una aplicación culinaria por parte de los cocineros de la cantina. Con el café tendrías el derecho de adquirir unas semillas, que luego podrías intercambiar con tus compañeros. Pero más allá de la función práctica que pudiera tener el hacer crecer una planta, el acto también podría llegar a tener una repercusión simbólica desde el momento en que  te regalan un sobre de semillas al entrar en la universidad (normalmente lo que regalan es una carpeta o un pendrive), lo plantas cerca, acondicionas el lugar, y lo ves crecer contigo durante los cuatro –o más- años que vas a pasarte en aquel sitio.

La revalorización de residuos, la generación de un vínculo emocional con el lugar, el fomento de las relaciones comunitarias, el respeto por el medio, la consciencia del ciclo de vida de los productos y su relación contextual, el imprescindible pensamiento sistémico. Por todo ello, pienso que este proyecto es un proyecto redondo extrapolable a otros panoramas que, de momento, se ha quedado en el cajón.

o: La ciudad en crisis o Las mentes del margen no son mentes marginales o Plantot

Cambia el juego. Cambia el mundo

¿Y si cambiar el mundo (a mejor) fuera divertido? Esa es la pregunta que se hace, entre otros muchos, la fundadora de Yoxi, Sharon Chang. Yoxi es un concurso abierto para solucionar problemas actuales relacionados con la salud, el medio ambiente o la educación. Los equipos participantes ofrecen sus ideas creativas en formato vídeo, que suben a la web y que pueden ser votados por el público. A quien gana se le ofrece la oportunidad de hacer realidad su proyecto, buscando financiación y asesoramiento. Yoxi se convierte, pues, en una plataforma de lanzamiento de grandes ideas que pretenden mejorar el lugar donde vivimos. El equipo The Udon Project han sido los ganadores de la primera competición, dedicado a repensar la comida rápida. Puedes ver sus vídeos aquí.

No es la primera vez que surgen proyectos de este tipo. Plataformas como Big Ideas (organizada por la revista GOOD, que también está detrás de este nuevo proyecto), The Fun Theory – la campaña viral de Volkswagen- o el más académico Dott ’07 (wouldn’ be great if…?), coordinado por John Thackara y del que salieron acciones aún en activo, fomentan el uso de la creatividad para solucionar problemas importantes relacionados con la sostenbilidad.

De hecho, en la asignatura de proyectos multidisciplinares que impartimos en ESDi, la dinámica es la misma, aunque con menos bombo y platillo: grupos formados por alumnos de diferentes disciplinas intentan resolver un problema o paliar una necesidad a través del diseño y teniendo en cuenta criterios económicos, ambientales y sociales. El primer proyecto iba sobre la comida y surgieron ideas muy interesantes, que intentaré recuperar y publicar en este humilde blog (aunque es para pensarse lo de crear una plataforma potente en plan americano, con fuegos de artificio y neones, como la de Yoxi).

o: The fun Theory o Big Ideas o De la tierra a la mesa

Los Velowala

 
 
 
Imaginemos que en lugar de ir a comprar a la tienda, fueran éstas las que vinieran a nosotros para ofrecernos sus productos y servicios. Echando la vista atrás, podemos recordar al afilador en su motocicleta o -no tan atrás- al butanero. En la India, el comercio rodado tiene un nombre propio (velocommerce) y una presencia constante en las calles. Los velowala (velo, del francés bicicleta + wala, del hindú persona) son muchos y muy variados: vendedores de helados, de plantas, de tabaco, afiladores de cuchillos, basureros, tejedores,… todos en bicicleta. Lo interesante de ser empresario en bicicleta es la liberación que supone respecto de los bienes inmuebles, de tener que mantener un local. El velocommerce tiene que ver con la movilidad de bienes, la prestación descentralizada de servicios, la economía local y la innovación social.

El proyecto velowala nació en el 2008 a raíz de la colaboración entre el City EcoLab, una parte significativa de la bienal internacional de diseño de Saint Etienne, y John Thackara. Desde entonces, la web se va actualizando periódicamente con nuevos modelos de servicio/producto sobre ruedas, vídeos y testimonios. ¡Y arriba con lo low-tech!

o: Las mentes del margen no son mentes marginales o Batbici o Bicicletas danesas

Plantot. Proyecto para el análisis y la consciencia de la vegetación urbana

 
 
Es hora de hacer memoria y recuperar el proyecto Plantot, del colectivo Joystick , una asociación afincada en Barcelona y que desde el 2001 hasta el 2007 se dedicó a promover trabajos de experimentación multidisciplinar.

Plantot fue seleccionado por el Centro Cívico Can Felipa como uno de los proyectos de investigación subvencionados para realizar durante el 2007. El proyecto incidía en la relación de los ciudadanos de Barcelona con las plantas de su alrededor, pretendiendo crear vínculos entre unos y otros. A través de la visualización de las plantas cosmopolitas y sus ciclos, se trataba de generar un acercamiento a la agricultura urbana a pequeña escala y de apropiarse del espacio público por parte de quienes lo habitan.

De esta manera, se creó un mapa –desafortunadamente, no disponible en la web- con la ubicación de los árboles y plantas con usos domésticos, se enseñó a crear mermelada de naranja amarga con los frutos que crecen en la ciudad,  se diseñaron una serie de manuales de siembra y aprovechamiento de especies comestibles que podían plantarse en espacios públicos y se consiguió crear un jardín comestible en Poblenou, donde se organizaron eventos y se dispuso de un espacio comunitario para plantar con el objetivo de acercarnos con respeto a nuestro entorno vegetal.

Según parece por la página web, el proyecto no siguió avanzando como prometía. Después de cuatro años de sus inicios, me parecía adecuado rescatarlo del olvido porque quizás en el 2011, este tipo de ideas pueden resultar más interesantes para la población que, muy poco a poco, se conciencia cada vez más de lo importante que resulta el verde-que-no-forma-parte-de-un-parterre-limitado-de-1m2 en las ciudades.

o: NoubarrisnouNaranjas amargas o Hacer crecer lo verde

NouBARRISnou. Creación colectiva para la mejora del espacio público

 
Creadors en residencia” es una iniciativa en la que creadores de múltiples ámbitos llevan a cabo un trabajo artístico de manera conjunta con un grupo de alumnos de ESO de los institutos públicos de Barcelona y con el apoyo e implicación de toda la comunidad educativa. La propuesta se inició el año pasado con 3 proyectos muy interesantes y este año continúa con cinco residencias, que se pueden ir siguiendo online a tiempo real.

Transforma” es la propuesta que desarrolló Lluís Sabadell Artiga con los alumnos del IES Collserola, con el objetivo de generar una acción comunitaria, un mecanismo de transformación autoimpulsado, que supusiera una mejora ambiental y/o social en el entorno del instituto.

Lluís Sabadell Artiga siempre ha basado su obra en la relación entre el ser humano, la naturaleza y el paisaje. Esta vez, el valor artístico ya no sólo lo centra en el resultado, sino que también está en el proceso de gestión de la potencia creativa colectiva.

Durante los primeros días, los alumnos investigaron  su entorno a través de fotografías, vídeos, entrevistas a vecinos, ... y se listan los lugares donde se podría realizar la intervención. Se visita Can Masdeu ("un laboratorio social donde promocionan la cultura abierta y el intercambio") y se visualiza la obra de otros creadores de referencia para inspirarse, entre los que destacan los de Ecosistema Urbano. Se analizan los posibles lugares de intervención de manera más exhaustiva y se decide que la primera fase será generar un proceso participativo por parte de los vecinos del barrio, a través de unos buzones diseñados expresamente y que se ubicarán en las zonas posibles de intervención. A este primer proyecto se le denomina nouBARRISnou y con él se recoge la opinión y las propuestas del barrio. También se convoca una sesión participativa con la asociación de vecinos para ver de qué manera se puede incidir sobre los problemas reales del barrio. Al final, llegan a la conclusión de que van a intervenir sobre las escaleras que van de Roquetes a Torre Baró, con el objetivo de mejorar la movilidad y destacar los valores paisajísticos del entorno; y lo hacen disponiendo sillas encontradas en la basura a lo largo de todo el recorrido.

Independientemente del resultado físico final, el proyecto me parece todo un ejemplo de cómo implicar a la comunidad en la mejora del barrio, haciendo partícipes a los adolescentes y convirtiéndolos en protagonistas de una experiencia de convivencia y de respeto por su entorno que los ayude a madurar como ciudadanos conscientes.

Felicidades a los organizadores y a todos los participantes por esta extraordinaria propuesta.

o: Lo 1º es lo 1º o Salvar los muebles o Artistas de lo lítico

Lucha de barro verde

La primavera pasada os contábamos la idea del estudio de arquitectura Urbanarbolismo de crear una batalla verde, en la que el barro, las semillas y la diversión fueran una excusa para la vinculación de los habitantes con su entorno urbano y la generación de una zona verde. Finalmente, este mes de agosto, la primera Batalla Verde tuvo lugar en el Castell de Guadalest (Alicante), donde unas 200 personas disfrutaron tirándose bolas de barro (y semillas) que servirán para la restauración del parque del Mora.

La batalla fue todo un éxito; la alcaldesa de la localidad resume en una frase todo lo que el proyecto esconde tras esta corteza lúdica: “si los vecinos se implican en el desarrollo de su propio medio, entonces comprenderán de manera más visual que lo público es de todos".

o: Tomatina verde o The Fun Theory o Árboles, no bombas

Árboles, no bombas

Hace 65 años, el bombardero americano Enola Gay dejó caer la primera bomba atómica sobre Hiroshima. Cerca de 80.000 personas perdieron la vida al instante, aunque fueron muchas más las víctimas por las radiaciones en los años posteriores. No sólo se perdieron vidas humanas, sino que todo tipo de flora y fauna también sucumbió al ataque.

Los árboles que sobrevivieron al bombardeo nuclear reciben el nombre de árboles Hibaku. El artista japonés Hiroshi Sunairi recolectó algunas semillas de estos árboles y las ha ido propagando por todo el mundo, regalándoselas a quien quisiera plantarlas. Con Tree Project, Sunairi no sólo quiere recordar lo que pasó en Hiroshima para que no vuelva a pasar, sino también quiere compartir el placer de cuidar una planta. Y, en efecto, el artista ha encontrado una manera de unir a la gente a través de estos árboles con una historia tan poderosa detrás. Se pueden ver testimonios  de esta transmisión de vínculos personas-plantas-personas en su blog, en su Flickr y a través de las exposiciones que va realizando.

Un ejemplo, Lisa y Yuri, de Nueva York, a las que hace poco les empezaron a germinar las semillas de gingko. Han llamado a la planta Lil’Guy y están impresionadas de lo satisfactorio que es ver crecer algo que tú has plantado. ¿Dejaremos de una vez los jardines y mascotas digitales y volveremos a lo analógico?
o: De la tierra a la mesa o Joyas vegetales o Mis bambas