Quizás a los fieles seguidores les pueda parecer sorprendente que Resseny, un blog con publicaciones cada 3 días de media, lleve casi medio mes sin actualizarse. Todo tiene una explicación, y es que si a las vacaciones le añadimos una mudanza con obra por en medio y todo lo que ello implica (papeleos, no internet, cajas para arriba y para abajo), es normal que haya dejado temporalmente de picar letra por el picado de pavimento. El cambio de piso será para bien. He ganado 50 metros de jardín que antes ni podía pensar encontrar en Barcelona. Aunque, como se aprecia en la imagen, de momento es un trozo de parcela sin edificar y un proyecto personal recién empezado. Disculpad las molestias si no me encontrais con la frecuencia acostumbrada por aquí. Estaré levantando piedras.
De la tierra a la mesa
Publicado el
18.7.10
por
Jon Marín
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El Dott 07 (Designs of the time 2007) fue una iniciativa formada por una serie de proyectos locales comunitarios, eventos y exposiciones con sede en el noreste de Inglaterra, que exploró la manera de vivir de un modo más sostenible, y cómo el diseño nos puede ayudar a conseguirlo. El programa, dirigido por John Thackara, tenía que ser el inicio de una década de eventos bienales relacionados con la sostenibilidad y el diseño, aunque parece que la cosa se ha frenado un poco.
El objetivo de la iniciativa era conseguir que a través del diseño, se configuraran una serie de proyectos locales que mejoraran el bienestar de la comunidad y que aceleraran la transición de las pequeñas regiones hacia la sostenibilidad. Estos proyectos giraban en torno a la salud, la movilidad, la escuela, la energía y la alimentación.
Uno de los casos paradigmáticos fue el de la agricultura urbana en Middlesbrough, donde se consiguió que escuelas, organizaciones de consumidores, asociaciones de distribución, la unidad de salud mental del hospital, grupos de vecinos, etc. se involucraran en el proyecto ‘de la tierra a la mesa’ para aumentar la producción local de alimentos y reducir el kilometraje de estos productos.
En un primer momento, los grupos identificaron lugares en los que poder cultivar alimentos. En primavera, más de mil personas comenzaron a cultivar frutas y hortalizas en contenedores por todo el pueblo. Entre mayo y septiembre, los nuevos agricultores urbanos iban recogiendo sus ingredientes y los compartían en unos eventos comunitarios donde se preparaban, cocinaban y comían los platos a base de la comida que ellos mismos habían cultivado.
El colofón final del proyecto tuvo lugar a finales de septiembre, cuando se preparó un banquete para 1.500 personas en la plaza del pueblo, basando el menú en los alimentos cosechados.
La iniciativa se complementó con un mapa realizado por los diseñadores André Viljoen y Bohn Katrina. En él se detallan las asignaciones existentes en la ciudad, los ‘paisajes comestibles’, las tierras sobrantes y pone de relieve las conexiones entre la ciudad y los productores locales de alimentos. Para la autoridad local, este proyecto se convirtió en un plan a considerar como un nuevo contexto para las estrategias hacia una economía de la alimentación más local y sostenible.
o: Naranjas amargas o Hacer crecer lo verde o Naturaleza en espacios abandonados
El objetivo de la iniciativa era conseguir que a través del diseño, se configuraran una serie de proyectos locales que mejoraran el bienestar de la comunidad y que aceleraran la transición de las pequeñas regiones hacia la sostenibilidad. Estos proyectos giraban en torno a la salud, la movilidad, la escuela, la energía y la alimentación.
Uno de los casos paradigmáticos fue el de la agricultura urbana en Middlesbrough, donde se consiguió que escuelas, organizaciones de consumidores, asociaciones de distribución, la unidad de salud mental del hospital, grupos de vecinos, etc. se involucraran en el proyecto ‘de la tierra a la mesa’ para aumentar la producción local de alimentos y reducir el kilometraje de estos productos.
En un primer momento, los grupos identificaron lugares en los que poder cultivar alimentos. En primavera, más de mil personas comenzaron a cultivar frutas y hortalizas en contenedores por todo el pueblo. Entre mayo y septiembre, los nuevos agricultores urbanos iban recogiendo sus ingredientes y los compartían en unos eventos comunitarios donde se preparaban, cocinaban y comían los platos a base de la comida que ellos mismos habían cultivado.
El colofón final del proyecto tuvo lugar a finales de septiembre, cuando se preparó un banquete para 1.500 personas en la plaza del pueblo, basando el menú en los alimentos cosechados.
La iniciativa se complementó con un mapa realizado por los diseñadores André Viljoen y Bohn Katrina. En él se detallan las asignaciones existentes en la ciudad, los ‘paisajes comestibles’, las tierras sobrantes y pone de relieve las conexiones entre la ciudad y los productores locales de alimentos. Para la autoridad local, este proyecto se convirtió en un plan a considerar como un nuevo contexto para las estrategias hacia una economía de la alimentación más local y sostenible.
o: Naranjas amargas o Hacer crecer lo verde o Naturaleza en espacios abandonados
Sin trampa ni cartón
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15.7.10
por
Jon Marín
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A veces, un simple cartón viejo sirve como lienzo para ilustrar lo denunciable. Esto es lo que hace el artista francés Dran con sus dibujos y el reciclaje de las palabras ya escritas en el embalaje.
o: Miss Julia o Francisco Cantú o Smelly itchy plant
o: Miss Julia o Francisco Cantú o Smelly itchy plant
Oda a mis bambas
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12.7.10
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Jon Marín
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En en el año 2004 me compré unas zapatillas deportivas verdes y amarillas. No buscaba esos colores en especial porque fuera fan de la canarinha, ni mucho menos. Tampoco quería ese modelo específico de bambas. De hecho, me costaron 20 euros en un megastore del calzado. Simplemente, necesitaba unas bambas, un objeto al que darle uso y, entre todos los modelos que vi en la tienda, éstas fueron las elegidas. Y nada más.
Pero poco a poco me fui dando cuenta de que no eran unas bambas y nada más. Por su estética, o por su comodidad, o porque eran diferentes al resto -aún no lo sé, aunque puedo llegar a intuirlo- les fui cogiendo cariño. Estas bambas estuvieron viviendo conmigo un año en Dinamarca, pasaron frío en Polonia, se mojaron en Oslo y casi se derriten durante el cálido agosto italiano. Pasaron buenos y malos momentos, como yo. El vínculo que tracé con un simple producto de calzado iba más allá del meramente funcional y se adentraba en lo afectivo. Mis bambas ya no eran 'unas bambas'. Eran 'mis bambas' y las arreglaba cuando se rompían, las limpiaba cuando se ensuciaban y las cuidaba para que me duraran más.
Ahora, en plena mudanza, me he visto forzado a desprenderme de cosas y, por mucho que me duela, tras 6 años de compañía, mis bambas ya no me sirven porque han perdido la mayor parte del valor funcional por el cual las compré; ya no son cómodas, tienen la suela rota y son más marrones que verdes. Y por muy enfermizo que parezca al relatar mi relación con estas bambas, cierta cordura me queda para saber que se trata tan sólo de un objeto y que, como tal, cuando ya no me vale, me debo desprender de él. (Aún así, ¡seis años son muchos años de vida útil!).
Los diseñadores tenemos el poder (y la responsabilidad) de otorgar vida a un objeto. No es fácil provocar que un usuario muestre afecto por un producto cualquiera y son muchos los factores que hay que tener en cuenta, pero es necesario ese vínculo con los objetos para un consumismo responsable. Para comprar menos y de mayor calidad. Para que las cosas duren más, para que -por ejemplo- el calzado no dure sólo una temporada. Para reparar en lugar de reponer. Más allá de las experiencias personales vividas con ese objeto, podemos facilitar esa relación persona-objeto diseñando cosas más duraderas (la obsolescencia está obsoleta), que no pasen de moda, que se puedan customizar o que sea el propio consumidor quien participe de forma activa en el proceso de diseño.
Bambas, ¡descansad en paz!
o: Danish butter cookies o Lo estético es sostenible o Wabi de Camper
Pero poco a poco me fui dando cuenta de que no eran unas bambas y nada más. Por su estética, o por su comodidad, o porque eran diferentes al resto -aún no lo sé, aunque puedo llegar a intuirlo- les fui cogiendo cariño. Estas bambas estuvieron viviendo conmigo un año en Dinamarca, pasaron frío en Polonia, se mojaron en Oslo y casi se derriten durante el cálido agosto italiano. Pasaron buenos y malos momentos, como yo. El vínculo que tracé con un simple producto de calzado iba más allá del meramente funcional y se adentraba en lo afectivo. Mis bambas ya no eran 'unas bambas'. Eran 'mis bambas' y las arreglaba cuando se rompían, las limpiaba cuando se ensuciaban y las cuidaba para que me duraran más.
Ahora, en plena mudanza, me he visto forzado a desprenderme de cosas y, por mucho que me duela, tras 6 años de compañía, mis bambas ya no me sirven porque han perdido la mayor parte del valor funcional por el cual las compré; ya no son cómodas, tienen la suela rota y son más marrones que verdes. Y por muy enfermizo que parezca al relatar mi relación con estas bambas, cierta cordura me queda para saber que se trata tan sólo de un objeto y que, como tal, cuando ya no me vale, me debo desprender de él. (Aún así, ¡seis años son muchos años de vida útil!).
Los diseñadores tenemos el poder (y la responsabilidad) de otorgar vida a un objeto. No es fácil provocar que un usuario muestre afecto por un producto cualquiera y son muchos los factores que hay que tener en cuenta, pero es necesario ese vínculo con los objetos para un consumismo responsable. Para comprar menos y de mayor calidad. Para que las cosas duren más, para que -por ejemplo- el calzado no dure sólo una temporada. Para reparar en lugar de reponer. Más allá de las experiencias personales vividas con ese objeto, podemos facilitar esa relación persona-objeto diseñando cosas más duraderas (la obsolescencia está obsoleta), que no pasen de moda, que se puedan customizar o que sea el propio consumidor quien participe de forma activa en el proceso de diseño.
Bambas, ¡descansad en paz!
o: Danish butter cookies o Lo estético es sostenible o Wabi de Camper
Be Palettø
Publicado el
8.7.10
por
Jon Marín
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Be Palettø es el proyecto efímero de los estudiantes Erasmus de la Escuela de Arquitectura de Aarhus. Se trata de un pabellón construido en el patio central de la escuela con 420 palets. Estos palets están superpuestos y forman una banda que interacciona con su entorno. El árbol, una mesa de picnic, el movimiento de las personas y la luz del día fueron los principales elementos a tener en cuenta en el diseño de esta estructura.
El pabellón estaba destinado a convertirse en un elemento activo en la vida cotidiana de la escuela. Con la adaptación natural al flujo original de personas que cruzan el patio, se invita a la gente a interactuar con la estructura, a sentarse al sol, a cobijarse bajo el árbol o a cruzar el patio por la pasarela.
Los palets los obtuvieron del puerto, cercano a la escuela, y fueron devueltos, de nuevo, una vez concluyó la semana. Se trata de un magnífico ejemplo de construcción temporal a muy bajo coste económico y con un alto nivel de creatividad.
o: Puente camuflado en el paisaje o Sillón hecho con palets o Viviendas autoconstruidas con palets
El pabellón estaba destinado a convertirse en un elemento activo en la vida cotidiana de la escuela. Con la adaptación natural al flujo original de personas que cruzan el patio, se invita a la gente a interactuar con la estructura, a sentarse al sol, a cobijarse bajo el árbol o a cruzar el patio por la pasarela.
Los palets los obtuvieron del puerto, cercano a la escuela, y fueron devueltos, de nuevo, una vez concluyó la semana. Se trata de un magnífico ejemplo de construcción temporal a muy bajo coste económico y con un alto nivel de creatividad.
o: Puente camuflado en el paisaje o Sillón hecho con palets o Viviendas autoconstruidas con palets
Hacer crecer lo verde
Publicado el
5.7.10
por
Jon Marín
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Durante esta primavera hemos podido ver y escuchar una interesante campaña de promoción de las flores, las plantas y la jardinería impulsada por la Confederación de Horticultura Ornamental de Catalunya (CHOC).
La campaña “A Catalunya, fem créixer el verd” (En Catalunya, hagamos crecer el verde), dotada de cuñas en radio y anuncios en prensa, pretende un cambio cultural y de actitud con respecto a la cultura de las plantas en general, basándose en el bienestar de las personas y en la mejora del entorno social que ésta genera.
La intensa sequía de 2008 hizo que se asociara la jardinería y el cuidado de plantas con el despilfarro de agua. A través de los anuncios, el CHOC pretende desmentir esta idea e intenta crear un estado de respeto hacia las plantas, los parques y jardines y lo verde urbano, resaltando sus valores positivos y mostrando el vínculo que, directa o indirectamente, tenemos con el mundo vegetal que nos rodea. Las plantas son indispensables para nuestro bienestar y, poco a poco, hay que hacer entender que tener plantas en el balcón, cuidar un parque o comprar flores no es un engorro, sino un acto que nos aporta calidad de vida.

Pantalla de garrafas
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2.7.10
por
Jon Marín
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Paolo Ulian creó en 1996 esta ligera pantalla semitransparente con garrafas de agua cortadas y superpuestas, que se fijan a una lámina de acero a través de la rosca del tapón.
o: Muros cerveceros o Ivana Lencakova o David Grass
Flores de papel higiénico
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28.6.10
por
Jon Marín
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El colegio se ha acabado y, seguramente, los niños y niñas anden por casa aburridos y cansados de tanta televisión. Una buena manera de que los niños se diviertan son las manualidades, que fomentan la creatividad y el reciclaje. En la página Growing up creative, podemos encontrar tutoriales de brillantes ideas como la de esta decoración hecha con el cartoncillo de los rollos de papel higiénico.
o: Disenya el teu niu! o Frutero de papel o Truba
o: Disenya el teu niu! o Frutero de papel o Truba
Naturaleza en espacios abandonados
Publicado el
25.6.10
por
Jon Marín
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El plan Anglesola tiene como objetivo principal la creación de nuevos edificios en el casco antiguo del barrio de les Corts. Para ello, hace algo más de un año derribaron una serie de edificios singulares, incomprensiblemente sin ni siquiera mantener la bella fachada. Paseando ayer por mi querido barrio –que pronto dejaré- me sorprendió gratamente la manera salvaje en que la naturaleza se ha apoderado de esos solares abandonados: la vegetación crece sin ningún tipo de control, sin ningún alcorque o limitación que se lo impida, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los parques, donde todo está perfectamente calculado (las hiedras con las hiedras y las gramíneas, por favor, que no invadan lo que no es suyo); los pájaros campan a sus anchas e, incluso, se pueden ver algunos pequeños reptiles inofensivos.
De todos modos, los sentimientos son contradictorios: por un lado, entiendo que un solar abandonado, lleno de maleza y donde reina el caos, pueda no ser un lugar socialmente aceptado y que genere rechazo. Puedo llegar a entender -por esa antipatía que genera lo no ordenado- que se convierta en una zona donde tirar escombros y basura y que, obviamente, esto conlleve problemas de seguridad, higiene y civismo. Pero, por el otro lado, defiendo las ideas de Kevin Lynch en su libro “Echar a perder”, donde explica que esos espacios abandonados, decadentes y deteriorados son necesarios en las ciudades, y que debemos aprender a valorarlos y saber gestionarlos bien. Por ejemplo, esos lugares invadidos por la naturaleza fomentan la biodiversidad. Seguramente (me gustaría estudiarlo empíricamente), existan más especies diferentes por metro cuadrado que en cualquier parque típico (que parece que los espacios verdes en Barcelona son franquicias, todos iguales, con las mismas especies y distribución). Lynch dice que en un antigua estación de tren en Berlín es “actualmente (en 1995, cuando escribió su libro, porque creo que se refiere a la zona donde hoy día se alza la nueva y flamante estación central de Berlín) un rico paisaje que contiene muestras de un tercio de toda la flora de la región, incluyendo especies raras y amenazadas y algunas formas autóctonas”. De hecho, la exposición de Jef Beys sobre especies ruderales nos da una idea clara de la utilidad medicinal y culinaria asociada a esas plantas que crecen en cualquier sitio de la ciudad.
El ser humano tiende a ordenarlo todo. Intentamos ordenar la naturaleza y eso se aprecia en ramblas y parques de nuestras ciudades, donde todos los árboles son de la misma especie, tienen la misma altura y están ubicados a la misma distancia el uno del otro. Pero la naturaleza es caótica y desordenada, aunque harmónica e (invisiblemente) estructurada. Un bosque es así y lo disfrutamos, sin preocuparnos de si este árbol no debería ir unos metros más allá o qué hace esta planta de flor azul entre arbustos de genista. ¿Por qué no lo disfrutamos también en nuestras ciudades? ¿Por qué no aprendemos a apreciar y respetar las plantas que crecen de manera espontánea?
o: Catálogo de especies ruderales o Andrea Acosta o La ciudad en crisis
De todos modos, los sentimientos son contradictorios: por un lado, entiendo que un solar abandonado, lleno de maleza y donde reina el caos, pueda no ser un lugar socialmente aceptado y que genere rechazo. Puedo llegar a entender -por esa antipatía que genera lo no ordenado- que se convierta en una zona donde tirar escombros y basura y que, obviamente, esto conlleve problemas de seguridad, higiene y civismo. Pero, por el otro lado, defiendo las ideas de Kevin Lynch en su libro “Echar a perder”, donde explica que esos espacios abandonados, decadentes y deteriorados son necesarios en las ciudades, y que debemos aprender a valorarlos y saber gestionarlos bien. Por ejemplo, esos lugares invadidos por la naturaleza fomentan la biodiversidad. Seguramente (me gustaría estudiarlo empíricamente), existan más especies diferentes por metro cuadrado que en cualquier parque típico (que parece que los espacios verdes en Barcelona son franquicias, todos iguales, con las mismas especies y distribución). Lynch dice que en un antigua estación de tren en Berlín es “actualmente (en 1995, cuando escribió su libro, porque creo que se refiere a la zona donde hoy día se alza la nueva y flamante estación central de Berlín) un rico paisaje que contiene muestras de un tercio de toda la flora de la región, incluyendo especies raras y amenazadas y algunas formas autóctonas”. De hecho, la exposición de Jef Beys sobre especies ruderales nos da una idea clara de la utilidad medicinal y culinaria asociada a esas plantas que crecen en cualquier sitio de la ciudad.
El ser humano tiende a ordenarlo todo. Intentamos ordenar la naturaleza y eso se aprecia en ramblas y parques de nuestras ciudades, donde todos los árboles son de la misma especie, tienen la misma altura y están ubicados a la misma distancia el uno del otro. Pero la naturaleza es caótica y desordenada, aunque harmónica e (invisiblemente) estructurada. Un bosque es así y lo disfrutamos, sin preocuparnos de si este árbol no debería ir unos metros más allá o qué hace esta planta de flor azul entre arbustos de genista. ¿Por qué no lo disfrutamos también en nuestras ciudades? ¿Por qué no aprendemos a apreciar y respetar las plantas que crecen de manera espontánea?
o: Catálogo de especies ruderales o Andrea Acosta o La ciudad en crisis
Las mentes del margen no son mentes marginales
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18.6.10
por
Jon Marín
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Una de las cosas que están quedando claras en esta semana internacional en la Hochschule für Gestaltung de Schwäbisch Gmünd en cuanto a la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de las personas a través del diseño es que no podemos basarnos tan sólo en la alta tecnología para hacerlo. Es necesario contar con la creatividad de todos, independientemente de su estatus social o económico, porque hay personas pobres a nivel económico que son muy ricas intelectualmente. Eso es lo que hoy nos ha transmitido el sensacional profesor indio Anil Gupta, precursor de la Honey Bee Network -de la cual me gustaría escribir un poco más adelante-, con su presentación "Innovation by other means".
"Las mentes del margen no son mentes marginales" y nos lo ha demostrado con unos cuantos testimonios indios que innovan y hacen más fácil su vida y la de su comunidad con los recursos que tienen al abasto.
Una serie documental en colaboración con Discovery Channel.
o: Paula Dib o Taxi en cuba o Bastard chairs
"Las mentes del margen no son mentes marginales" y nos lo ha demostrado con unos cuantos testimonios indios que innovan y hacen más fácil su vida y la de su comunidad con los recursos que tienen al abasto.
Una serie documental en colaboración con Discovery Channel.
o: Paula Dib o Taxi en cuba o Bastard chairs
Ven a dar la chapa
Publicado el
17.6.10
por
Jon Marín
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El último taller que organizamos desde o2Spain, la red de ecodiseño en España, con la colaboración de DHUB y Moritz, que se celebró el pasado 9 de junio en el DHUB Montcada llevaba el nombre de 'EcoElevator Pitch' o, en otras palabras, 'Ven a dar la chapa'. Varios profesionales relacionados con el diseño sostenible de productos, servicios y sistemas se encontraron en este evento con un triple objetivo: probar si eran capaces de explicar su proyecto o idea en un minuto; conseguir ser entendidos, y aprovechar, además, para compartir con otros profesionales las propias experiencias.
Con el apoyo de Adolfo Pedraz, experto en coaching para empresas y personas, se generó una dinámica basada en el intercambio de conocimiento en grupos reducidos, con la limitación de un minuto de discurso por persona. Posteriormente, los participantes cambiaron de grupo hasta cuatro veces, de manera que prácticamente todos los asistentes pudieron escuchar las propuestas e iniciativas de los demás y a la inversa; y además, valorar si su explicación comunicaba lo que ellos querían.
Diseñadores, arquitectos, ingenieros industriales, biólogos, ambientólogos, etc. expusieron todo tipo de proyectos e ideas con una potente vertiente ambiental y social. Las experiencias que se pudieron compartir fueron bastante diversas: proyectos comunicativos (blogs, webs), productos y servicios ya comercializados (compostadores, mobiliario urbano, iluminación natural), conceptos y nuevos planteamientos (diseño de sistema producto-servicio, biomimética, mecanismos alternativos al consumo, red de huertos urbanos, re-evolución social hacia la sostenibilidad), etc.
Eventos puntuales como este desarrollado por o2Spain resultan una magnífica oportunidad para hacer coincidir profesionales de diversas disciplinas que desarrollan su actividad en torno a la sostenibilidad.
o: Diseño para la artesanía o EcoelevatorPitch o Compartiendo libros
Con el apoyo de Adolfo Pedraz, experto en coaching para empresas y personas, se generó una dinámica basada en el intercambio de conocimiento en grupos reducidos, con la limitación de un minuto de discurso por persona. Posteriormente, los participantes cambiaron de grupo hasta cuatro veces, de manera que prácticamente todos los asistentes pudieron escuchar las propuestas e iniciativas de los demás y a la inversa; y además, valorar si su explicación comunicaba lo que ellos querían.
Diseñadores, arquitectos, ingenieros industriales, biólogos, ambientólogos, etc. expusieron todo tipo de proyectos e ideas con una potente vertiente ambiental y social. Las experiencias que se pudieron compartir fueron bastante diversas: proyectos comunicativos (blogs, webs), productos y servicios ya comercializados (compostadores, mobiliario urbano, iluminación natural), conceptos y nuevos planteamientos (diseño de sistema producto-servicio, biomimética, mecanismos alternativos al consumo, red de huertos urbanos, re-evolución social hacia la sostenibilidad), etc.
Eventos puntuales como este desarrollado por o2Spain resultan una magnífica oportunidad para hacer coincidir profesionales de diversas disciplinas que desarrollan su actividad en torno a la sostenibilidad.
o: Diseño para la artesanía o EcoelevatorPitch o Compartiendo libros
Piperoid
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14.6.10
por
Jon Marín
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Llevo unos días de ruta por Alemania, donde hoy mismo he empezado a dar un curso sobre "ciudades permeables: cómo el diseño puede mejorar y retomar el contacto de las ciudades con su entorno ambiental, económico y social". Durante esta semana, iré escribiendo sobre el taller.
En una tienda vi estas figuritas articuladas hechas enteramente con tubitos de papel, sin necesidad de ningún tipo de adhesivo. Me parecen una delicia. Son unos juguetes japoneses y podeis verlos en su página web.
o: Diseño para la artesanía o Joyas vegetales o Sanos estereotipos
En una tienda vi estas figuritas articuladas hechas enteramente con tubitos de papel, sin necesidad de ningún tipo de adhesivo. Me parecen una delicia. Son unos juguetes japoneses y podeis verlos en su página web.
o: Diseño para la artesanía o Joyas vegetales o Sanos estereotipos
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