¿Xenofobia biológica?

Esta semana, por razones futbolísticas que no vienen al caso, ha surgido entre mi círculo de amigos la preocupación por saber si la creatividad nace o se hace. Evidentemente, habrá personas que tengan una mayor facilidad para desarrollar el pensamiento creativo que otras. Pero, sin duda, la capacidad creativa se puede entrenar. De hecho, uno de los muchos ejercicios que existen es, por ejemplo, el de unir dos conceptos que aparentemente no tienen relación. Parece que el tema me ha calado tanto que, de manera inconsciente, esta mañana he estado haciendo gimnasia creativa con este ejercicio que me ha llevado a reflexionar sobre la identidad de un territorio y su capacidad de asimilación de “elementos” ajenos.

En el mismo diario (el Periódico de Catalunya) de hoy domingo 16 de enero de 2011 aparecen dos noticias sin aparente relación, pero que haciendo un esfuerzo –innecesario en una mañana de domingo, lo sé- se pueden encontrar tremendas analogías. Por una parte, en la página 12 se habla de que Jean-Marie Le Pen -líder del Frente Nacional y “el rostro de la xenofobia”- se retira dejando a su hija al frente del partido y se hace una valoración del avance de la extrema derecha en el continente europeo durante los últimos años. Argumenta Magali Balent, investigadora de la Fundación Robert Schuman, que “la nueva extrema derecha desarrolla un discurso identitario de carácter étnico para conectar con los problemas de la sociedad actual”. Sin duda, se trata de un discurso político en auge que se basa en el rechazo a la inmigración (xenofobia, del griego xeno-, extranjero y -fobia, temor) y en la defensa ultraconservadora de lo autóctono (del griego autos-, propio y -chnos, tierra).

En la página 22, en el apartado “Cosas de la vida”, el diario se hace eco del inventario de especies foráneas que está elaborando el Ministerio de Medio Ambiente, siguiendo las directrices de la Unión Europea, que conllevará la exterminación de un centenar de especies exóticas invasoras de nuestro territorio, por considerar que causan daños a los ecosistemas. Entre las especies invasoras que serán combatidas hasta su erradicación están el ailanto (Ailanthus altissima), la pita (Agave americana), la uña de gato (Carpobrotus edulis), la caña americana (Arundo donax), el cangrejo americano (Procambarus clarkii), la cotorra argentina (Myopsitta monachus) o los perros y gatos asilvestrados que se encuentren en libertad.

Sin discutir las razones por la que estas medidas entran en vigor, que es que provocan un desajuste sobre los ya desajustados –por causa antrópica- ecosistemas, la idea de erradicación de una especie me hace pensar en la noticia de la página 12. Haciendo uso de esa creatividad adquirida con el desarrollo de estas técnicas de enlace de conceptos, surgen perversas preguntas como las siguientes: ¿proteger lo propio pasa por eliminar lo ajeno? ¿Se podrán eliminar perros y gatos sueltos en el monte por considerarlos invasores? ¿Incluirán en algún momento en esta lista negra a la especie humana con ciertos rasgos físicos diferenciales como especie exótica invasora?

¿No hay otras maneras de proteger la biodiversidad? De hecho, los ecosistemas no son estáticos y, por ejemplo, el bosque mediterráneo se fue adaptando (o mejor, fue adoptando) a una especie que en el principio de los principios no nació aquí, como el pino carrasco. O, por poner otro ejemplo, si el delta del Llobregat se ha adaptado (más o menos, y con ayuda del hombre) a las invasiones antrópicas, ¿por qué no iba a adaptarse a la presencia de la caña americana (en una escala de tiempo ecosistémica y no antrópica, por supuesto)?

Curiosamente, hay especies exóticas invasoras que se salvan de la quema. Son aquellas que aportan un beneficio económico a la población, como los siluros –una especie de pez de grandes dimensiones- de la ribera del Ebro, que atraen a centenares de turistas interesados en la pesca. Si esta es la vía para el indulto, ¿por qué no adoptamos también las técnicas de control indirecto que en los países de origen llevan a cabo con estas especies, como el uso de la caña o la pita en la construcción, o del cangrejo americano como alimento? ¿Por qué no inventamos nuevas técnicas y le damos valor económico -si esa es la manera de integrarlas- a aquellas especies que ahora perseguimos?

La reflexión da, por lo menos, para otra mañana de domingo.

o: Reflexiones sobre la II XCR o Mis bambas o Especies cruzadas

3 comenta :

disenyosos dijo...

Precisamente el otro día estaba hablando de esto con unos amigos.

Es una pregunta incómoda... ¿que criterios usamos para decidir que ecosistema debe permitirse en una zona, y por que? ¿bajo que autoridad y justificación?

disenyosos dijo...

Precisamente el otro día estaba hablando de esto con unos amigos.

Es una pregunta incómoda... ¿que criterios usamos para decidir que ecosistema debe permitirse en una zona, y por que? ¿bajo que autoridad y justificación?

Anónimo dijo...

Y a que conclusión llegaron?
Tiene que ver, me parece, en quienes y de que manera establecen los criterios...es el huevo o la gallina..